The Social Media Company

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31072012!

The Social Media Company nació una calurosa tarde del día 31 de Julio de 2012. Hemos intentado encontrar alguna efeméride digna de mención pero parece ser que los 31 de Julio no pasan cosas interesantes, aunque eso está por cambiar…

Sus socios fundadores, provenientes de las más diversas disciplinas, se encontraban algo frustrados con su ocupación por aquel entonces, y decidieron que era el momento de decir basta. Las experiencias previas que habían tenido en relación con el community management les habían bastado para comprender la necesidad de cualquier empresa o marca de posicionarse correctamente en la red, y decidieron que si habían sido capaces de mantener y difundir la marca de la empresa para la que trabajaban… porqué no lo iban a hacer para otras? Aquella misma tarde, la tarde del 31/07/2012, decidimos que ibamos a apostarlo todo por nuestra idea.

Lógicamente todo empieza por uno mismo. En cuestión de dos días teníamos el logo y la imagen corporativa decidida. En cuestión de horas habíamos creado nuestro perfil en las principales redes sociales, incluyendo algunas en las que probablemente todavía tardaríamos bastante en proveer de contenidos (a día de hoy todavía siguen poco activas, pero ya se sabe, dale tiempo al tiempo…).

Nuestra página web, ya diseñada pero en proceso de programación mientras escribimos estas líneas, tenía que ser por definición estática. Si nos dedicamos a las redes sociales, lo que teníamos que primar era nuestra propia actividad en las redes sociales y por eso es por lo que apostamos porque eso es lo que vendemos.

Es curioso cómo un número puede resumir el inicio de una nueva aventura… y nosotros lo apostamos todo al 31072012!!

La semilla está plantada… a ver si lo que nace, sea lo que sea, aguanta el duro invierno!

TSMC Crew


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El espacio virtual (aproximaciones desde un punto de vista geográfico a la realidad de las redes sociales)

La primera acepción para el término espacio de la Real Academia Española es la siguiente: “Extensión que contiene toda la materia existente”. En geometría euclidiana (básica para saber dónde has dejado el mechero o las llaves del coche, por ejemplo) el  espacio se define por tres dimensiones, anchura, longitud y profundidad. Dentro de estos rangos, si asignamos un valor a cada uno de ellos, podemos localizar algo en el espacio, como sobre la mesilla de entrada a casa, por poner. Si a esto ya le sumamos el tiempo empezamos a perdernos en lo que vendría a llamarse espacio-tiempo (andaban escasos de nombres ese día), es decir, que además de decir DONDE está algo, podemos decir CUANDO está, y actualmente este es el concepto de base utilizado en los modelos fundamentales de física más actuales que intentan explicar cómo está hecho el mundo, como la famosa teoría de cuerdas.

Dejando de un lado las consideraciones más complejas y con tintes metafísicos y volviendo a la RAE hay que tener en cuenta que el espacio se trata de una extensión que contiene materia. Sin embargo, si aplicamos esta definición al espacio denominado virtual (el que de forma más o menos parcelada compone ese macrocosmos que es internet y que está formado por los millones de webs y las redes sociales), comprobaremos que no hay manera posible de cuadrar la definición de la RAE con la realidad virtual. Ya que la virtualidad no es un atributo característico de la materia. Es decir, el espacio virtual viene dado por ser el continente de otra cosa: la información. El usuario busca, selecciona, asimila, crea información, la comparte, y la actualiza. El usuario crea espacios virtuales para sí mismo y para otros usuarios. Lo paradójico es que ese espacio, en sí mismo, y de acuerdo al enunciado euclidiano, no existe. Lo que existe es la información y las interconexiones entre usuarios (por usuarios podemos entender también organizaciones complejas con presencia individualizada representadas por las marcas y no sólo a los usuarios particulares). Hay que entender, a nivel virtual (siempre hablando en relación con las redes sociales), que el espacio es un lugar sin entidad física pero con identidad cognitiva. El mero hecho de crear un espacio virtual y llenarlo de información tampoco tiene sentido, si esa información no va a ser compartida ni asimilada. Un espacio virtual, salvo que haya sido destinado única y exclusivamente a archivo, viene dado por la actividad que se da en relación a él. Es decir, la información en sí misma tampoco es capaz de caracterizar al espacio virtual. La clave es, lógicamente, la interacción; el movimiento de la información en ambos sentidos: del usuario al espacio virtual y viceversa. Un blog no es un blog si nadie lo lee, si no se comparten sus contenidos, si no es criticado. Más aun, un blog no es blog sin un usuario que exponga sus opiniones (información), sus gustos y preferencias (información), y que espera tener algún eco en el espacio virtual más amplio (interacción).

En relación con la calidad de las interacciones por parte de los usuarios (que no de la información, ya que ese es un aspecto más que subjetivo) se plantean varios aspectos: ¿hasta qué punto la gente comenta algo porque quiere? ¿No lo hará quizá porque está de moda y si no lo hace se siente fuera de lugar? Es interesante en este sentido el artículo escrito por Carlos Molina en el que analiza la tendencia de los usuarios a compartir contenidos en la red de forma compulsiva y aun desconociendo en muchas ocasiones el contenido (valga la redundancia) de lo compartido. Es bastante curioso el sencillo experimento llevado a cabo en este sentido por Txema Valenzuela. Interesante la opción del “sharetcha” que plantea Molina como medida de prevención de la expansión del modelo de internauta que repostea de forma inconsciente, prácticamente haciendo de su interacción una fuente de spam. Este “sharetcha” vendría a ser una especie de test, un eficaz y simple dispositivo que comprobaría que el usuario, antes de repostear algo, lo ha leído y repostea (interactúa) con conocimiento de causa.

En los primeros tiempos lo importante era tener un sitio en la red, hoy día lo interesante es estar bien posicionado en la red. Existe la necesidad de dotar a un espacio de identidad por medio de la invitación a otros usuarios para que doten al espacio virtual de identidad real mediante la interacción. En muchas ocasiones dicha necesidad es discriminatoria, tanto de forma voluntaria (la adhesión a un club de contactos por ejemplo), como involuntaria (un evento creado en una red social al que uno es invitado). Existe la necesidad de los usuarios de participar de ese espacio virtual, incluso a un nivel que transciende los círculos sociales más cercanos para alcanzar la universalidad (hashtags, trending topics, etc.), porque si no se estaría contraviniendo el propio término usuario: el que usa, el que interactúa.

La descripción del espacio virtual y su representación gráfica se antoja, vistas sus peculiaridades, cuando menos, compleja y difusa. Al igual que el espacio euclidiano viene dado por los rangos de anchura, longitud y profundidad, podríamos definir el espacio virtual en base a muy diversos factores tales como el número de usuarios, tipología de los mismos (por grupos de sexo, edad, formación, etc.), tipo de red social (amistades, profesionales, de ocio, etc.), tiempo de pervivencia, y así hasta un largo etcétera. El acercamiento de Brian Solis y JESS3, en el que en cada uno de los gráficos ofrece una representación gráfica de las funcionalidades del espacio virtual, es interesante y atractivo. Interesante es también el proyecto de The Internet Mapping Project, liderado en sus orígenes por Bill Chesswick, de cuyos resultados podéis ver una serie de imágenes que se asemejan bastante a las redes alveolares de los pulmones. Este proyecto tuvo su origen en el laboratorio Bell, en el verano de 1998. Su objetivo era el de adquirir y almacenar datos topológicos sobre internet a lo largo de largos periodos temporales, y sus resultados se han utilizado en el estudio de problemas de enrutamiento, ataques de hackers, etc. Actualmente este descubrimiento es utilizado para delimitar el perímetro de las intranets utilizadas por ciertas organizaciones.

Sea como fuere, la naturaleza del espacio virtual, su descripción y su representación gráfica plantea todo un campo de estudio lleno de incógnitas cuyos avances intentaremos ir siguiendo en los próximos posts. Porque una cosa hay clara: conocer el espacio es dominar el espacio.

TSMC Crew